Al
rato me quede a solas, tenia que prepararme. Vagabundee por la habitación
pasando las yemas de los dedos por todos los muebles de la habitación, parecía
una casita de muñecas.
Llegué
al armario, era inmenso, me miré en los espejo que había en las puertas,
descubriendo que mi pelo estaba demasiado desaliñado y probablemente muy
enredado ¿¡Como podía haber estado tan tranquila hablando con este pelo?!
Me
tranquilice, apoyándome en la silla del tocador y cogiendo un cepillo para
quitar todos esos enredones.
Después
abrí el armario, únicamente había un conjunto en una percha, lo descolgué y lo
lleve hasta mi cama, desarmando el orden en que lo habían colocado sobre la
percha.
Era
un conjunto muy básico, formado por unos vaqueros largos, ajustados y sumamente
flexibles en color marino, una camisera de tirantes blanca con una insignia del
proyecto a la altura del corazón, era la misma insignia que había en las cartas
que recibia de ellos, una especie de rombo plateado con una A grande en el
centro, Proyecto Animas, pensé. Todo se completaba con una chaqueta de
tela fuerte y resistente, muy ceñida al cuerpo y unas botas tipo militares del
mismo color marino.
Me
puse los calcetines de algodón blanco y cuando fui a coger las botas, no
estaban.
No
entendía nada, estaban ahí mismo cuando lo deje todo, mire de nuevo en el
armario por si mi cabeza me había fallado. Pero no estaban.
Registre
la habitación por todos lados, percatándome que había una esquina en la
habitación que no había antes, en ella coincidía una casetita como las de los
perros. ¿Tenía un perro? No me gustaban, me daban miedo.
Lo
llame intentando que saliese fuera y tras varios intentos un animal peludo
salio del interior mordiendo una de mis botas. No era un perro era algo mucho
mas bonito.
-Pero
si eres un tigrecito- chillé emocionada. Enseguida me puse a jugar con el
tirándole cosas, o escondiéndolas…
No
se el tiempo que pase jugando con aquel animal, pero debió ser mucho porque
Rose venia alterada mirando el reloj de su delgada muñeca.
-¡Leslie!
-gritó- ¿Todavía no te has preparado? Vamos, venga coge las botas ya mismo
–ordenó alterada.
-Es
que esta preciosidad me ha distraído, se había comido mis bota, pero las he
recuperado- respondí con una amplia sonrisa haciendo muecas a mi amiguito.
-¡Póntelas!-
me exigió violentamente aunque después intento calmarse- No podemos llegar
tarde… por favor.
-Bien
bien ya voy…-vaciles un momento pero seguí sus ordenes, tampoco quería que la
regañasen por mi culpa.
Liam
y ella me llevaron por unos pasillos blancos largos e laberínticos. Estaba
claro que el que entrase jamás podría salir sin haberse perdido antes.
Atravesamos
casi 5 pasillos o al menos son los que llegué a contar, nos escoltaban una
pareja de guarda espaldas con los mismos uniformes que yo aunque parecían que
tenían algún tipo de chaleco antibalas. Paramos en frente de una gran puerta
metálica, a un lado había un escáner, Liam coloco su mano junto con una especie
de perla irisada que llevaba colgada al cuello. Miré a Rose que al haberme
leído el pensamiento se aparto un poco el pelo dejando ver un mismo collar de
una perla.
Entramos.
La luz era intensa y olía a incienso por todos lados, odiaba ese olor me
quemaba la nariz. La sala estaba compuesta por un conjunto de mesas formando
una U a la izquierda de la sala y una camilla metida en una campana al parecer
insonorizada, aunque eran mis suposiciones. No había nada más en la sala y era
igual de enfermiza que el resto del edificio.
-Buenos
días.- dijo una voz ronca y grave que procedía de uno de esos científicos con barba
blanca, gafas y apariencia de no haber perdido el tiempo en toda su vida.
-Buenas
profesor -comentó Rose- sentimos el leve retraso hemos tenido un percance con
el tigre- me echo una mirada de culpa y baje la cabeza avergonzada.
-No
os preocupéis. Bien me gustaría tener una conversación privada con la
jovencita.
Esperaba
que con ‘’la jovencita’’ se refiriese a Rose pero evidentemente no era así.
-Solo
con su consentimiento señorita- continuó.
Afirme
con la cabeza, ¿Qué otra solución tenia?
Me
condujeron por la habitación y descubrí que había una puertecita ocultada por
la masa de blanco que cubría toda la sala. Esta habitación era gris, iluminada
por una tenue luz rosada, el profesor me ofreció una de las sillas y él se sentó
en la otra. Los guardaespaldas se introdujeron en una cabina de cristal y ahora
si me di cuenta de que estaba insonorizada, probablemente para que no
escuchasen información confidencial pero siempre atentos por si ocurría algo
con los pacientes.
-Leslie,
yo soy el profesor Anderson, encargado de tu caso. Como habrás visto no eres la única persona en este mundo que ha obtenido un don, aunque el tuyo es un tanto
peculiar. Rose, como has podido comprobar desde el principio, tiene el don de
leer el pensamiento de las personas que se encuentran cerca de ella, Liam por
ejemplo y creo que de ello no te has percatado, es capaz de mover cosas con la
mente, telequinesia- dijo para aclarse- Y tu don no se había visto antes… Salir de tu cuerpo para adentrarte en el
mundo de los muertos…. Fascinante
Se
me heló la sangre, jamás nadie había dicho en voz alta mi don y resultaba
espeluznante.

Wow!! Genial! Intenta subir prontito, me ha encantado. Un beso:)
ResponderEliminarMe alegro :) Demasiado tan de repente a lo mejor... Pero era el momento.
EliminarNo he podido subir porque no me venia la inspiración lo siento mucho. Gracias por seguir leyéndome y sube pronto tu también!
Me encanta, guapa. Quiero más *__________________________*
ResponderEliminar¡Un besazo! <3
(: Que ya sabes que lo lei cuando lo subiste, pero no he podido comentar antes S:
ResponderEliminarPuees eso que me ha encantado, que ya sabes que escribesperfectamente perfecto y que habeer si te llega ya la inspiracion y subes pronto :D
un beeso<3
Oisss muchas gracias tu si que eres perfectamente perfecta Tequiero mucho cielo un beso! Gracias por todos los animos que me hacen mucha ilusion ^^
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