Se
había hecho el silencio en la sala. El profesor Anderson me miraba preocupado,
había dejado de mirarle hacía cinco minutos y solo miraba al vacío, ni siquiera
pensaba y mi respiración era muy débil.
Volví
en mi, le miré fijamente, observe el iris que inundaba sus ojos turquesas, eran
demasiado irreales, probablemente se los hubiese teñido.
-Sí…-respondí
en un débil e inaudible susurro- ese es mi…don- ¿¡Don?! Eso no era un don era
una autentica desgracia que me había metido en un buen marrón.
-Solo
te haré una pregunta señorita Leslie ¿Preparada?-dijo tranquilamente el
profesor.
-Si